Una reforma de Anoeta necesaria

Anoeta merece una remodelación. Tras más de 25 años desde su concepción ha llegado la hora de que las instituciones implicadas en la construcción analicen si Anoeta ha cumplido con lo que esperaban que fuera. Una evaluación de políticas públicas que revise cada uno de los objetivos iniciales. Por cada deporte. Por cada actividad. Y puestos a reflexionar, hasta si el modelo de estadio de propiedad pública de estas características se ajusta a lo que una ciudad avanzada precisa.

RealSocialismo!, como grupo de trabajo de accionistas y aficionados de la Real, entiende que no. Anoeta no responde a todas las necesidades de salida. Como se intuía a comienzos de aquellos años 90, casi 25 años son suficientes para evidenciar que el principal usuario de la instalación es la Real Sociedad. Como quizá no se esperara entonces, casi 25 años son suficientes para evidenciar que cualquier otro uso ha sido residual, sin que ni siquiera quienes denominaron Anoeta como “Estadio Nacional de Euskadi” hayan impulsado actividades que justificaran un bautizo que no tenía ni agua ni pila bautismal.

Al igual que defiende el potencial económico de la Real, a RealSocialismo! le gustaría que todos los años se celebraran en el estadio de Anoeta citas de relumbrón que atrajeran a los mejores atletas y a 30.000 espectadores. No solo eso. Que, como ocurre en Lille (Francia), un córner del campo de fútbol se habilitara para que se jueguen partidos de balonmano y baloncesto de alto nivel con 15.000 personas en la grada. Serían grandes noticias para Anoeta, Donostia y Gipuzkoa. Pero no son. Ni se ha intentado que lo sean: Bruce Springsteen no puede estar dando un concierto para 42.000 personas cada mes en Anoeta.

Anoeta merece una remodelación que se haga de acuerdo con los cauces legales y la máxima exigencia de control del dinero público. Faltaría más. Máxime cuando Donostia, a través de Anoeta Kiroldegia, y la Real Sociedad están en un escenario en el que parecen condenados a entenderse. Ni los segundos pueden inventarse de la noche a la mañana otra instalación similar a la que mudarse a la voz de ya ni a los primeros les debería interesar que Anoeta quedara sin la actividad del principal, y muy principal, inquilino.

Hace falta para ello entender qué requiere el fútbol del año 2016, lo que le abriría a Donostia la posibilidad de albergar una final de la Supercopa europea como acaban de acoger ciudades como Praga, Cardiff, Tbilisi y Trondheim (algunos con campos de menor capacidad que Anoeta), y seguir haciéndolo compatible con los demás usos del estadio. En esta línea, RealSocialismo! publicó a comienzos de diciembre su cuarto trabajo de análisis, en este caso titulado De estadio a campo de fútbol. Por qué reformar Anoeta.

Tres tipos de razones son las que sostienen esa necesidad de la reforma: sociales, deportivas y comunitarias. Las principales para RealSocialismo! giran en torno a la calidad de la visión de bastantes localidades, la lluvia que sufren desde hace 23 años las primeras diez filas de todo el anillo inferior (cerca de 4.000 espectadores) y la imposibilidad de crecer que presentan las zonas más baratas (las futuras generaciones suelen darse de alta en estas zonas) y las más caras (los palcos están al 100% desde 1993).

Sin entrar aquí en los argumentos deportivos, mención aparte merece el impacto que genera la Real en su entorno. A falta de un estudio público actualizado y que sería más que conveniente tener, ya que en esta remodelación no solo está en juego la obra final sino también la manera de hacer el proceso, existe el que Fomento de San Sebastián elaboró en 2007, justo antes del descenso. La Real tenía entonces un impacto próximo a los 60 millones.

Superado el pasado más lejano, donde se llevaron a cabo prácticas execrables en las que algunos críticos con la reforma siguen anclados, conviene recordar que la Real ha abonado 110.495.582,41 euros a las arcas forales entre 2011 y 2016. Hablamos de la liquidación de las deudas y de cantidades regulares. No es ningún mérito. Lo hace porque le corresponde y porque puede. Pero son 110 millones que demuestran una buena situación financiera como para afrontar una responsabilidad elevada en una obra que conllevará la mejora de más instalaciones públicas del entorno.

Las fórmulas son fórmulas, pero conviene detenerse aunque sea un párrafo en los números. De los 50,7 millones de la obra (sin IVA) en varias instalaciones públicas, la Real aportará de salida 36,7 millones. Un 72,4% que va por encima de los 10 millones que se preveían en un primer momento, cuando el presupuesto de los trabajos giraba en torno a los 40 millones. Del 25% al 72% de aportación. Y con luz verde de los propietarios del club, que seguirán sin ser dueños ni de un asiento de plástico.

Con todo y a expensas de lo que ocurra con la próxima consulta popular sobre los toros, Donostia cuenta con un Illunbe reconvertido en pista de baloncesto más lo que se tercie si la acústica se lo permite; un velódromo mejorable para el deporte y que tras lo ocurrido en el Madrid Arena no cumple con las medidas de seguridad para conciertos a los que el Kursaal les queda pequeño y Anoeta, demasiado grande; un miniestadio de cuyas ínfimas condiciones habla cualquier atleta aficionado que entrene en él y un estadio cuya utilización en un porcentaje elevadísimo responde a un club de fútbol que requiere de una instalación adecuada como mínimo a 2016. Como para no entenderse.

Este escenario deja a la Real en una posición en la que deberá enfrentarse a triunfar o fracasar. Todos queremos triunfar en cualquier ámbito de la vida, pero el triunfo tiene un trampolín demasiado estrecho como para que quepamos todos. Esta operación es de suficiente calado como para analizarlo todo al detalle del detalle. Con estudios de demanda e impacto, y con las medidas radicales que sean necesarias para revolucionar, para bien, la masa social. Es el impulso definitivo para una reforma que se antoja necesaria y que así lo entienden muchos representantes públicos. Y si Anoeta no merece una remodelación, la Real deberá entender que precisa de un campo de fútbol.

* Artículo remitido el 24 de agosto a los cinco diarios principales de Gipuzkoa.

Deja tu comentario